Como viene siendo costumbre desde hace unos años, llegó un correo allende los mares que decía: “Voy a España, me gustaría veros ¿nos podríamos reunir en Cádiz?”
Movidas por el deseo de vernos organizamos la reunión y, llegando desde distinto puntos, el día convenido allí estábamos, puntuales a la cita, cinco mujeres, cinco amigas (a una no la veía desde hacía cuarenta años) con ganas de abrazarnos y de compartir, una vez más, nuestras vivencias.
Cádiz nos recibió lluviosa, no nos dejó ver la luminosidad de la que hace gala, pero no importó, paseamos y hablamos. Hablamos de nuestras familias, de nuestras inquietudes, de nuestros deseos, de nuestros sentimientos, de lo que fuimos, de lo que somos, de lo que la vida nos ha dado y sobre todo, hablamos de nuestra amistad, de esa amistad que empezó cuando teníamos 17-18 años y que ahora que todas hemos empezado la década de los 60 está más viva que nunca.
En nuestro paseo por Cádiz ( no pudimos hacer demasiadas fotos por la lluvia) visita obligada a la plaza de España
y de ahí, al Oratorio de San Felipe Neri donde se firmo hace 200 años la primera Constitución de los españoles
en el centro del retablo tenemos la Inmaculada de Murillo
una de las capillas laterales mas bonita del Oratorio hecha con mármol de Carrara de distintos colores.Y como regalo, el Juan Sebastian Elcano se hallaba anclado en el puerto
por supuesto lo visitamos
y al día siguiente lo despedimos lo vemos acercarse desplegando las velas mientras que el helicóptero sobrevuela la zona
y la guardia civil lo escolta
el júbilo se apodera de la población y salen a despedirlo
y con la miel en los labios después de haber visto tal espectáculo nos despedimos de Cádiz.
Con tristeza por separarnos, con mucha alegría por haber estado juntas y pensando en la próxima reunión volvimos a nuestra rutina.