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martes, 27 de marzo de 2012

¿Dónde está el euro que falta?


Tres amigos están sentados en la terraza de un bar.
Piden la cuenta y el camarero contesta : "Son  25 €"
Cada uno de ellos  le da 10 € que hacen un total de 30 €.
El camarero les devuelve 5 € de los que se cogen 1 € cada uno y le dan 2 € de propina.

Y me pregunto:

Si cada uno de ellos puso 10 € y le han devuelto 1€ quiere decir que han puesto 9 € cada uno, que por tres amigos que son, hacen 27 €
27€  más los 2 € que le han dado de propina al camarero son 29 €  
pero…No eran  30 € ?




sábado, 31 de diciembre de 2011

Feliz año



Mis mejores deseos  para todos 

 y un fuerte abrazo

¡¡¡Feliz Año!!!


jueves, 22 de septiembre de 2011

El ocho tumbao

El infinito : un ocho tumbao

Un poco de humor matemático


Profesora: Juan, ¿a qué es igual cinco dividido cero?


Juan se levanta y dirigiéndose a la pizarra escribe 




Profesora: ¿Qué significa eso?

Juan: No sé, pero usted ha puesto hace un rato  que ocho dividido cero  era:


  
" un ocho tumbao"

domingo, 13 de febrero de 2011

Carta de amor a un trapezoide

Trapezoide
Querido trapezoide,

Le sorprenderá que por primera vez alguien le haga una declaración de amor y ésta no provenga de una figura plana. Su pertinaz vivencia en el plano le ha mantenido siempre al margen de lo que ocurre por arriba o por abajo, enfrente o detrás. Digámoslo claramente: yo lo conocí hace años pero usted aún no se había enterado, hasta hoy, de mi presencia. Debo pues empezar por el principio y darle noticia de cómo fue nuestro primer encuentro.

Ocurrió una tarde de otoño lluviosa. Una de estas tardes de octubre en que llueve a cántaros, los cristales de los colegios quedan humedecidos y los escolares sin recreo. Usted estaba quieto en una página avanzada de un libro grueso que era nuestra pesadilla continua. Me acuerdo aún perfectamente. Página 77, al final hacia la derecha. Fue al abrir esta página, siguiendo la orden directa de la señorita Francisca, nuestra maestra, cuando lo vi por primera vez. Allí estaba usted entre los de su familia, un cuadrado, un rectángulo, un paralelogramo, un trapecio, un rombo, un romboide,... y ¡el trapezoide!. Un perfil grueso delimitaba sus desiguales lados y sus extraños ángulos. La señorita Francisca se fue exaltando a medida que nos iba narrando las grandes virtudes de sus colegas cuadriláteros... que si igualdades laterales, que si paralelismos, que si ángulos, que si diagonales... y el rato fue pasando y la señorita seguía sin decir nada. Como las señoritas acostumbran a no explicar lo más interesante, a mí se me ocurrió preguntarle
-Señorita... ¿y el trapezoide?

Éste –replicó la maestra-este es el que no tiene nada.

¿Nada de nada? – le repliqué

Sí, nada de nada – me contestó
Trapezoide

...y sonó el timbre. Quedé fascinado: usted era un pobre, muy pobre cuadrilátero. Estaba allí, tenía nombre, pero nada más. Por eso a la mañana siguiente volví a insistir en el tema a la señorita.

Así debe ser muy fácil trabajar con los trapezoides –le dije – ya que como no tienen nada de nada no se podrá calcular tampoco nada de nada.

¡Al contrario! Estos son los más difíciles de calcular. Ya lo verá cuando sea mayor.

Durante aquella época yo creí intuir que matemáticas y cosas sexuales debían tener algo en común pues siempre se nos pedía esperar a ser mayores para “verlo”.

A usted ya no lo vi más hasta que en Bachillerato don Ramiro nos obsequió con una fórmula muy larga para calcular su área. Esto me enfadó enormemente. Usted había pasado del “nada de nada” al “todo de todo”. A partir de entonces empecé a pronunciar su “oide” final con especial desprecio “¡trapez-OIDE!”.

Trapezoide con rectángulo inscrito
Nuestro siguiente encuentro tuvo lugar en una calle. De pronto miro el pavimento y descubro con horror que le estoy pisando. Di un salto y me quedé mirando. ¡Que maravilla! Después de tantos años sobre mosaicos llenos de ángulos rectos allí estaba usted. El “nada de nada” era ahora una loseta. Dibujé aquel suelo y entonces marqué los puntos medios de sus lados y empecé a trazar rectas y una maravilla de paralelogramos nacieron enmarcando su repetición.

Con el tiempo he ido aprendiendo muchas cosas de usted y le he dedicado muchos ratos. La señorita Francisca tenía razón en lo difícil que es tratarlo pero no la tenía en lo del “nada de nada”.

Y ahora al final de la declaración sólo me queda pedirle una cosa. Sé que es difícil pero no tengo más remedio que pedírselo. Por favor no diga nunca a nadie que yo hice esta declaración. Guarde esto en el centro del paralelogramo inscrito que le acompaña. Yo guardaré su recuerdo, dibujándolo en todas las reuniones. Los amores imposibles al menos tienen la virtud de ser duraderos. Suyo.


                         Claudi.

Claudi Alsina
Matemático y Profesor de la Universidad Politécnica de Cataluña

sábado, 8 de enero de 2011

EL caso del número discapacitado

        "Un siete y una sieta se casaron y tuvieron un hijo que resultó ser un 6. Incapaces de reconocerse en aquel niño, se echaron a llorar desconsoladamente".

        Así empieza el cuento, “El caso del número discapacitado";  un cuento que, en tan solo 9 páginas, bueno, 9 pantallas, nos transmite una interesante enseñanza.

        "El caso del número discapacitado" está escrito por Juan José Millás y cuenta con dibujos de Forges. Es uno de los muchos cuentos que puedes encontrar en el libro Números pares, impares e idiotas.