No podemos perdernos la visita al Delta del río Paraná situada a unos 35 km al norte de Buenos Aires.
Abandonamos la ciudad y entramos en la provincia. En nuestro recorrido nos va acompañando el impresionante río de la Plata, que al verlo se entiende por qué lo confundieron con un mar (tiene 220 km de ancho). También pudimos ver, de pasada, el estadio del otro (el River) y los suburbios, que toda gran ciudad tiene a sus afueras.
Nos llama la atención la distinción tan precisa que hacen entre los nacidos en la ciudad, llamados porteños, y los nacidos en la provincia, llamados bonaerenses, distinción que hemos podido comprobar durante todo el viaje cuando preguntabas a la gente de dónde era.
Aunque se trata de un trayecto largo, permite visitar una de las regiones más hermosas, la zona norte, la más exclusiva de esta provincia, y en la que se encuentran grandes mansiones.
Hacemos una parada en San Isidro para visitar su catedral y pasear por sus avenidas, donde podemos comprobar que la numeración de cuatro cifras no es exclusiva de la capital.
Llegamos a la ciudad de Tigre, isla rodeada por los ríos Luján, Reconquista y Tigre. Ya en el tren de la costa bajamos para visitar el puerto de Frutos, famoso por sus mimbres, para más tarde continuar viaje hasta la última estación donde, a bordo de una lancha, nos adentraremos en la Delta del río Paraná. Los habitantes de Tigre dependen totalmente del río, el agua potable, el pan, el supermercado, el médico… todo les llega en lanchas; y para ir de una casa a otra deben utilizar puentes, si van por tierra, o sus barquitas.
Dan ganas de comprarse una casa (allí no son caras) y quedarse a vivir, dada la paz y la tranquilidad que allí se respira.